Jóvenes de Viaje

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Si os apasionan los viajes, éste es vuestro lugar. Esta Bitácora Viajera nace como un espacio donde todos los viajeros y viajeras podemos compartir experiencias y aventuras. Si os animáis, nos podéis enviar vuestros relatos a viajetecajoven@yahoo.es.

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Miércoles, 21 de marzo de 2007

AMSTERDAM


Ámsterdam es otra ciudad que he visitado en un par de ocasiones. Y es que para mí es una de las capitales europeas con más encanto, donde el paseo y su visita se hacen más que agradables. Y es que las bicis, los canales, el escaso tráfico en el centro, la amabilidad de la gente (el hecho que los holandeses sean bilingües ayuda aún más) hacen muy placentera recorrerla a pie (yo no usé el transporte público para nada). Además, son las bicis las que “mandan” en la ciudad, una dictadura circulatoria que ojalá copiáramos algún día en España.
Pero ojo, Ámsterdam también está llena de contrastes, sobre todo de color rojo… ya hablaremos de esto más adelante.

Alquilé una habitación cerca de la estación de tren muy coqueta y no demasiado cara y muy cerca del barrio rojo. Visité el Rijksmuseum y el Museo de Van Gogh, visitas imprescindibles cuando vas a Ámsterdam. Me encantó el de Van Gogh, no porque sea mi artista favorito, pero porque tiene un par de cuadros de paisajes preciosos.

Después estuve por el barrio rojo paseando de día y comí en una de las innumerables terrazas que dan al canal en Binnen Kant, cerca de la Facultad de Derecho. Tuve suerte porque me hizo un día soleado, aunque frío. De allí pasé al barrio del Jordaan. Para mí la zona más bonita para pasear y perderse viendo los canales, las casas y la gente en bicicleta. En serio, un gustazo y una envidia no haberme podido hacer con una bicicleta.

Y por la noche, pues es inevitable visitar el Barrio Rojo. Y también una sorpresa que no fuera conflictivo ni peligroso, muy animado y lleno de gente, turistas o no. Los detalles de lo que te puedes encontrar allí no os los doy, porque creo que ya os lo imagináis.

La verdad es que no sólo la visita a esta ciudad es agradable, yo creo que tiene que serlo aún más vivir en el centro de Ámsterdam, una ciudad muy dinámica, multicultural y divertida, aunque esté en el norte de Europa.

Por: Marco Polo | Europa | Comentarios (0) | Referencias (0)

Jueves, 01 de febrero de 2007

"SAINT PATRICK´S DAY" en Dublín


Pues aprovechando que no vivía lejos de Dublín y que sólo tenía que cogerme un ferry desde Holyhead (en la isla de Anglesey, en Gales) y que mi amigo japonés Kei vivía allí, me decidí a celebrar el Día de San Patricio en Dublín. El Festival de Saint Patrick dura del 15 al 19 de Marzo, pero el día gordo es el 17 y lo visitan… 500.000 personas!.
Ya había estado antes una vez, pero ahora la cosa era muy muy distinta. Es la fiesta nacional por antonomasia en Irlanda y su celebración también se va extendiendo a otros países, sobre todo promovida por los pubs irlandeses en el extranjero. De todos es sabido que también Saint Patrick se celebra en EE.UU como una gran fiesta, dado que hubo una gran emigración irlandesa en el pasado.

Bueno, pero volvamos a Dublín y al ferry más concretamente. Ya en el barco, el mismo staff estaba celebrándolo y te daba una idea premonitoria de lo que podía llegar a ser o que iba a ser. Al llegar a la ciudad por la mañana todo estaba preparado para la gran fiesta y ya se respiraba el “buen rollito”. Bueno, permitidme una pequeña aclaración: A los irlandeses se les conoce como los “latinos del norte”. No me gustan los estereotipos ni los lugares comunes, pero es verdad que, en general, los irlandeses nada tienen que ver con la “sequedad” de los ingleses. Son muy simpáticos y ofrecen la amistad a cualquier desconocido. Y no tienen los mismos problemas de violencia cuando se emborrachan.

Sigamos con mi relato: Después de descansar un poco en la casa de mi amigo Kei para recargar las pilas después del viaje en el ferry, nos fuimos para el centro de Dublín andando (Dublín es enana, todo se puede hacer perfectamente caminando) hasta llegar a Burgh Quay. Allí vimos la “Parade” (desfile) entera, con música, muñecos, gigantes, ninots, figurantes y la gente a su vez con gorros enormes, pintados de verde, banderas, otros vestidos de lagarterana, frikis, etc… Pero el buen ambiente se extendía a todos por igual, irlandeses o extranjeros.

Como llevábamos 2 horas en pie decidimos comernos un Irish Breakfast (muy indicado para aportar energía para todo un día de fiesta pero no muy recomendable para los que estén a dieta). Y después, de ruta fantástica por el legendario Temple Bar, el barrio de los pubs y de la vida nocturna. Conocí a todos los amigos de Kei, internacionales e irlandeses. Y también conocí a desconocidos/as en los bares, cualquier excusa era buena para charlar entre la gente.

Párrafo aparte merece la cerveza negra irlandesa: Todos conocemos la Guiness (hay una fábrica visitable en Dublín), pero también añadiría la Murphy´s y la Beamish. Y os aseguro que la cerveza negra que te tomas en Dublín no es la misma cerveza negra que te tomas en Gales, Escocia o Inglaterra, es infinitamente mejor. Y lo digo por experiencia y porque soy un amante de la cerveza negra.

En fin, no voy a entrar en detalles sobre aquella noche de fiesta en Dublín en pleno Temple Bar porque os aburriría… y es que el mismo Sabina se las veía, cantaba y deseaba para llegar a ser “tabernero en Dublín”.

Thanks to Bjaglin for this picture.

www.visitdublin.com/

Por: Marco Polo | Europa | Comentarios (0) | Referencias (0)

Viernes, 26 de enero de 2007

ESCOCIA


Aunque me cueste reconocerlo por mi pasado galés, para mi Escocia es el país más bonito de Gran Bretaña. Decidimos el viaje entre mis inclasificables amigos napoletanos (qué pesaos, no me dejan ir solo a los sitios) y yo. Lo único seguro que íbamos a hacer era alquilar un coche entre los 4 y fijar la ruta con las pintas de Guiness encima del mapa. Y todo salió bastante bien y visitamos varios lugares gracias al hecho que nos movíamos con el coche.

Nuestra primera parada fue, como no, Edinburgh. Hicimos el tour típico del castillo, la Royal Mile y sus calles adyacentes (Old Town) y luego bajamos a la New Town, con Princes Street Gardens, la National Gallery de Escocia, con cuadros curiosos y luego subir a Calton Hill. La verdad es que tiene un montón de sitios que visitar y calles (pero sobre todo callejones) que recorrer. Y recordad que el Festival de Edimburgo es uno de los más importantes del mundo, aunque en esas fechas esté todo masificado.

De allí saltamos directamente a las Highlands (Tierras Altas). Nuestra primera parada fue la Isla de Skye. La pasamos con el coche por un ferry que cogimos en Mallag. El camino hasta aquí nos íbamos parando constantemente para ver infinidad de Lochs. Al principio nos parábamos cada media hora cuando veíamos un paisaje digno de una buena foto, pero nos dimos cuenta de que cuanto más subíamos, más bonito era el paisaje. Así que decidimos dejar de “hacer el japonés” hasta que no llegáramos a Skye. Eso si, visita obligada al castillo de Eilean Donan, construido en un islote y al que se pasa por un pequeño puente. Un castillo increíble, donde se rodó “Los Inmortales”.

Lo de esta isla merece un capítulo aparte. Estuvimos dos días recorriéndola con el coche de cabo a rabo. Encontramos playas de coral (si, si, de coral) con aguas cristalinas, con focas y de fondo las montañas. Tuvimos muchísima suerte porque en abril hizo muy buen tiempo. Es decir, hacía frío pero el cielo estaba claro, con lo que los colores verdes de las montañas, el azul del cielo y mar y el blanco de las playas hacían un contraste increíble. Nos alojamos en “bed&breakfast” muy baratos y con gente muy simpática (escoceses 100%). Recomiendo la visita a Cuillin Hills (donde el perfil de las montañas de las otras islas dan una imagen de una mujer acostada) y Kilt Rock con sus acantilados.

Con todo el dolor de nuestro corazón, pasamos de nuevo a tierra firme y nos dirigimos al Lago Ness. A mi personalmente me decepcionó porque ví muchos más Lochs antes que eran mucho más bonitos. Pero bueno, todo fue por la buena causa de encontrar a Nessie e invitarla a unas pintas. Se me olvidaba el whiskey escocés, el mejor del mundo. Pero como a mi no me gusta, pues esa faceta no la disfruté tanto como mis amigos. Os aconsejo que visitéis alguna de las viejas destilerias que hay repartidas en toda Escocia, es mucho mejor que comprarlo en un supermercado o en una tienda turística. Y que os paséis por algún bar de cualquier pueblo pequeño un domingo, donde se pueden reunir músicos locales y tocar música celta.

Como se nos estaba acabando el viaje, no pudimos subir más hacia el norte. Por lo que decidimos ir directamente a Stirling, donde nos encontramos con una amiga que estaba haciendo el doctorado allí. Llegamos de noche muy tarde y nos dio tiempo a visitar un poco la ciudad, donde William Wallace derrotó a los ingleses en una batalla.

Os aconsejo también que tengáis cuidado con los límites de velocidad (en general para todo Reino Unido, ya que está lleno de radares y cámaras). Se le ocurrió a mi amigo conducir como lo hace en Nápoles y luego me llegó un “multón” de agarrarse a la silla. Así que cuidadín, conducid despacio, al menos hacedlo con la excusa de disfrutar del paisaje escocés.

Por: Marco Polo | Europa | Comentarios (0) | Referencias (0)

Jueves, 25 de enero de 2007

BURDEOS


Pues éste no fue precisamente un “viaje” sino una estancia de 4 meses porque me dieron una beca Leonardo para trabajar en el “Musée d´Aquitaine”, en pleno centro de la ciudad.
Burdeos no es una mega-ciudad, todo se puede hacer a pie o en bicicleta (cuando aprenderemos de los europeos el uso de las bicicletas). Además, cuenta con una red de tranvía que se inauguró hace pocos años y funciona muy bien. Lo único que se echa en falta es que funcionen hasta más tarde con mucha más frecuencia, porque te puedes encontrar “atrapado” en el centro y se te hace tarde, con lo que luego volver a casa (yo vivía en Bègles, las afueras) o lo haces a patita o en bici.
Pero se ve que están poniendo mucho empeño en recuperar la ciudad, sobre todo por la iniciativa del tranvía (ecológico y rápido) y en recuperar muchas zonas del centro, sobre todo los muelles.
Pasear por Burdeos es un placer, vayas donde vayas. Descubres que, aunque no es tan espectacular como París, su arquitectura y sus parques invitan a mover las piernas o a recorrerla en bici.

Lo primero que llama la atención es la cantidad de edificios monumentales que hay, todos en esa característica piedra arenisca amarilla (que es muy porosa y por eso muchas fachadas aparecen ennegrecidas porque se “chupan” toda la contaminación). A mi me gustaron en general todos los edificios, desde los más importantes (la catedral, el teatro, los museos) hasta las viviendas de la gente. En Burdeos no esperéis una ciudad de contrastes, al menos a mi me parece todo muy homogéneo en lo que a arquitectura se refiere. Eso si, tienen grandes plazas con espacios inmensos como Quinconces y Victoire. La “Place Victoire” es el centro de la vida joven en Burdeos, una plaza donde siempre quedaba con la gente y nos íbamos a comer un kebab y a beber un buen “Bordeaux” (uno de los mejores vinos del mundo). Allí incluso se juntan bandas de música de gente joven que hacen charangas muy divertidas.

Cerca de Victoire está el barrio de Saint Michel, con su iglesia del mismo nombre y que es itinerario del Camino de Santiago (Burdeos es una etapa más del camino francés). Allí los fines de semana hacen un mercadillo de comida y otro de objetos usados muy animados. Además, ese barrio es el más multicultural de la ciudad, tipo Lavapiés, para que nos entendamos. Está repleto de bares muy curiosos, restaurantes y cafés.

La calle más animada es la Rue de Sainte Catherine, larguísima pero que se va transformando a medida que vas más al sur: Al principio de la calle, “pijoterismo” y escaparates de tiendas caras; por la mitad, tiendas mucho más baratas, con ofertones y al final, cafés, kebabs, un pelín más degradada pero llena de gente joven.

Un apunte sobre los “bordelaises” y España: Hubo un montón de españoles que emigraron allí (durante la dictadura) y sus hijos siguen residiendo allí (son franceses, pero con apellidos como Gómez, González, Martínez, etc…). Me pasó infinidad de veces de conocer a muchas personas de esa segunda generación de hijos de españoles.

Pero para “ave raris” como yo, recomiendo la visita al Palacio Gallien (un anfiteatro romano en pleno centro del barrio español) y a la base submarina que construyeron los nazis durante su ocupación. En dos palabras: IM – PRESIONANTE (Jesulín dixit). No os doy más detalles para obligaros a ir.

La provincia aquitana tiene infinidad de sitios que visitar. Además, veréis que la ciudad está rodeada de viñedos, vayáis donde vayáis. Yo os recomiendo Saint-Emilion (con uno de las mejores variedades de vinos, junto con el Médoc), la Dune de Pyla (una duna de arena gigantesca en medio de un bosque y al lado de la playa), Sarlat (un pueblecito muy chulo del Perigord) y la región de Les Landes.

Y una curiosidad: Seguramente sabéis que Goya estuvo aquí exiliado. Murió y fue enterrado en Burdeos. Y también sabréis que se dice que Goya y la Duquesa de Alba de entonces, Cayetana, eran amantes. Cuando se trasladaron a Madrid los restos de Goya se descubrió que le faltaba la cabeza. Y cuando se exhumaron los de Cayetana de Alba en 1945 en España se vio que le faltaba un pie… ahí queda eso… para los de Cuarto Milenio!.

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Jueves, 25 de enero de 2007

Marrakech


Este viaje siguió en la misma línea que casi todos los que he hecho: Improvisación a poder, y en la compañía de mis inefables amigos napoletanos Peppe y Diego. Lo único que planeamos fue pasar unos días en Caños de Meca y luego desde Algeciras pillarnos en ferry para Tánger. Había otros destinos que nos interesaban, como Fez, Meknes, Essaouira, etc… pero todos nos recomendaban que no nos perdiéramos Marrakech. Desde allí nos cogimos un tren nocturno para Marrakech y allí nos plantamos.

Al llegar ya nos dimos cuenta de lo diferente que es Marruecos, y nos quitamos enseguida los prejuicios “eurocentristas” para poder saborear más la experiencia. Aún así, no nos podíamos quitar la cara y aspecto de “guiri” ni de lejos. Además, tuvimos un par de incidentes por esa razón: En el hotel (donde nos intentaron birlar el equipaje, aunque no sabían que nosotros éramos más piratas) y en la visita a una “tannerie”, curtiduría; ahí no hubo pirateos que sirvieran, porque la situación se puso un poco “apretada”.

A pesar de estos pequeños incidentes, la estancia allí nos resultó increíble. La visita a la medina, al mercado, las mezquitas (que vimos por fuera), los alminares, las murallas, etc… pero lo mejor: La plaza de Djemel Al Fna… a cualquier hora del día!. Por la mañana quirománticos, tatuadores, encantadores de serpientes, vendedores de dentaduras postizas, etc… y por la noche, después de la llamada a la oración se puede comer en decenas de puestos callejeros de comida marroquí. No os describo el “orgasmo culinario” que sufrí porque no conviene que nos clasifiquen este blog como “X”. Pero no era sólo la comida, eran los ruidos, los gritos de los cocineros, la música, las bocas engullendo…

Pero lo mejor del viaje fue la excursión de 3 días al desierto y a Ourzazate. Contratamos con una agencia de viajes de aventura marroquí una excursión (muy barata por cierto) con hotel, cenas y excursión en el desierto. Incluso hice amistad con el conductor del todoterreno con el que fui de copiloto. Descubrí incluso la música bereber!. Pasamos por el “Valle de las Rosas”, las gargantas de Ourzazate, Ait Benhaddhou (donde se rodó “Gladiator”) y finalmente el desierto en Zagora, en el límite con Argelia. Desde lejos, las dunas parecían montañas, pero era arena!. Con la noche de luna llena, comimos con los camelleros en una tienda y luego, al amanecer, dimos una vuelta por las dunas. Pero yo me escapé del grupo, caminando y caminando y escalando dunas. Ahora comprendo lo fácil que es perderse en el desierto. No podría explicar cómo el desierto me llamaba para que me adentrara más y más en sus misterios. Para mi, es el sitio más espectacular que haya visto jamás. Y al que espero volver pronto.

Por: Marco Polo | General | Comentarios (0) | Referencias (0)